Escuelas Católicas de Madrid

¿Un año para olvidar?

¿Un año para olvidar?

¿Un año para olvidar? Más bien un año para recordar durante mucho tiempo y guardar las experiencias vividas dentro de nuestro corazón.

Sí, un año para aprender de lo vivido y para recordar a tantas personas. Un año en el que hemos visto evaporarse la ilusión en la que nos había instalado esta sociedad de consumo, de una vida en la que los deseos parecían no tener límites. Un año en el que nos hemos dado cuenta de que también en los países ricos, las personas somos vulnerables, frágiles y necesitamos de los demás. Hemos conocido más de cerca que el dolor y el sufrimiento son parte de la vida y que solo, quien es capaz de dotarles de un sentido, puede afrontar la vida con esperanza. Nuestros proyectos individuales, por primera vez en mucho tiempo, se han replanteado radicalmente pensando en los demás más que en nosotros mismos y muchos familiares para los que habitualmente no teníamos tiempo, han ocupado de nuevo un lugar en nuestros detalles y nuestro corazón.

Un año en el que han irrumpido en nuestros colegios valores que parecían guardados en el desván de otros tiempos, como la responsabilidad, el sacrificio, la disciplina personal, el orden... y que se han asumido por esta generación que ha crecido en la sociedad líquida, con una normalidad que incluso nos ha sorprendido.

Ha sido un año donde nos hemos emocionado, hemos llorado y sentido la impotencia que genera la muerte. Un año donde muchas personas han sacado lo mejor de ese fondo del alma donde reside lo más profundo de nuestra humanidad. Un año donde hemos rezado desde la vida y para la vida. Un año en el que algunos, han vuelto a sentir la necesidad del Dios del consuelo y el deseo de eternidad.

Por eso, porque queda mucho camino por andar, conviene no olvidar este año 2020 para quedarnos con lo que hemos aprendido y que nos hace más expertos en humanidad. Por delante hay que cuidar una convivencia que se verá amenazada por los extremismos; hay que afrontar problemas económicos que está dejando a muchos en situaciones muy vulnerables; hay que superar una crisis que ha dejado tocados emocional, psicológica y espiritualmente a muchas personas.

Por eso, porque hay mucho camino por andar, conviene no olvidar este año que hemos vivido. Ojalá esto nos sirva para sacar lo mejor de nosotros mismos, centrarnos en lo que de verdad importa y descubrir que Dios no está tan muerto como algunos proclamaron y la humanidad sigue necesitando la salvación que nace de encontrarse con el Dios de la misericordia, del perdón, de la paz. ¿Un año para olvidar?

Fernando García Sánchez
Provincial de la Inspectoría salesiana Santiago el Mayor

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