Escuelas Católicas de Madrid

Regresamos a la Antigua Grecia

Regresamos a la Antigua Grecia

Más de 400 años antes de Cristo, Sócrates exponía teorías acerca del aprendizaje que hoy la neurociencia y la neuroeducación empiezan a avalar. Para Sócrates el conocimiento ya está en cada uno de nosotros; aprender, por lo tanto, es recordar, en latín recordari, formado por re (de nuevo) y cordis (corazón), es decir: volver a pasar por el corazón.

Desde este punto de vista, la profesión del profesor se vuelve, si cabe, más complicada. No se trata de imprimir unos conocimientos, sino de rescatarlos. Es, volviendo a lo que decía Sócrates, la compleja tarea de despertar esa sabiduría que de forma inherente poseemos cada uno de nosotros y, además, hacerlo a través del órgano (entiéndase la metáfora) más sensible de todos… Por eso, los neurocientíficos están de acuerdo en que aprender es emocionar. Y se quedan tan anchos. Como quien dice “firme aquí y aquí, y aquí emocione”. No es nada fácil emocionar… ¿Cómo se emociona? Ni siquiera el cine o el teatro, o cualquier arte, que son piezas específicamente construidas en un tiempo considerable de preparación y ensayo para incidir en la emoción, lo consiguen siempre. Tampoco la publicidad. ¿Cuántas películas recordamos? ¿Cuántos anuncios? Con el agravante de que lo que me emociona a mí no te emociona a ti y viceversa.

Al menos en la Educación, empezamos a vislumbrar lo que claramente no emociona. Porque, y de acuerdo a lo que comentaba Roberto Sanz en la Jornada Monográfica 43,19 “Neurociencia: Neuroeducación”, un profesor puede matar la motivación del alumno en dos semanas. Evitar esto es un gran paso, un logro, ¡un hito! Bravo. Pero de no quitar la emoción a emocionar, motivar, ¡entusiasmar! ¡¡ilusionar!! ¡¡¡apasionar!!! en cada una de las cinco clases diarias, los cinco días de la semana, un mes y otro mes, de un curso y del siguiente y del otro… hay más que un trecho.

Solo digo que hay que ser conscientes de lo que comenzamos a exigirles, también, a los profesores, pues siguen siendo personas (no Sócrates) que trabajan en la educación, por un sueldo mediano, un ruido muy grande y un reconocimiento diminuto. El primero de todos los pasos (creo yo) debiera ser emocionarlos a ellos, “recordarles” la vocación, y después… Después regresamos a la Antigua Grecia.

QUÉ: Jornada Monográfica 43,19 “Neurociencia: Neuroeducación”
QUIÉN: Roberto Sanz Ponce, doctor en Ciencias de la Educación, máster en resolución de conflictos en el aula, profesor de la Universidad Católica de Valencia.
CUÁNDO: 16 de febrero de 2017
DÓNDE: Sede ECM. C/ Hacienda de Pavones, 5

Graciela G. Oyarzabal
Departamento de Comunicación

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