Escuelas Católicas de Madrid

Pin-pan-pun parental

Pin-pan-pun parental

El miércoles por la noche tuve ocasión de asistir, acompañando a José Antonio Poveda, secretario regional de ECM, a un debate televisivo sobre el llamado "Pin parental". Durante hora y media, nueve personas, muchas de ellas responsables de diversos colectivos como pueden ser la COGAM, AMPE, Foro de la Familia, Fundación Juan Pablo II, junto con el propio José Antonio y otros, intentaron analizar la propuesta de un determinado partido político consistente en someter las actividades realizadas en los centros que puedan encerrar algún contenido ideológico sobre el que no concurra el suficiente consenso social, a la autorización de los padres.

Un debate que, como consecuencia del formato y naturaleza del programa, derivó en un "frentismo" superficial y desenfocado en el que, de una u otra forma, se acababa poniendo en cuestión la validez de la escuela madrileña y la excelencia de los profesionales que en ella prestan sus servicios.

Y a mi juicio, este es el problema: el frentismo suicida al que la clase política, o mejor "cierta" clase política, está llevando a nuestra sociedad, se materializa en un ejercicio iconoclasta que comienza horadando nuestras instituciones más unánimemente valoradas. Un frentismo que aprovecha cualquier excusa, como puede ser esta del "pin parental", para deteriorar la dignidad de las escuelas y la cualificación de sus profesionales, generando un debate que pone en duda la confianza de las familias en las escuelas y en el desarrollo de sus proyectos educativos.

Francamente, creo que el debate es otro. Es más: creo que el debate, en este punto, es innecesario. Y lo es porque, hoy por hoy, las escuelas tienen capacidad de elaborar y aprobar en libertad sus proyectos educativos, estando obligadas a hacerlos públicos con transparencia y lealtad. Y las familias tienen derecho de elegir en libertad, los proyectos educativos que resulten acordes a sus convicciones, en tanto son los máximos responsables de la educación de sus hijos. Un derecho de elección que trae como consecuencia su capacidad de exigir a la escuela elegida que su acción educativa sea coherente con su proyecto.

En definitiva, el pin educativo es innecesario, en tanto, hoy en día, las escuelas están obligadas a ofrecer libremente propuestas distintas y diversas, difundiéndolas con nitidez en la sociedad, y permitiendo que los padres y madres escojan libremente también los centros cuyos proyectos resulten más interesantes para la educación de sus hijos. En definitiva, el "pin" se convierte en un "pin-pan-pun" contra la confianza que debe presidir la relación entre las familias y las escuelas.

Emilio Díaz
Responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales de ECM

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