Escuelas Católicas de Madrid

Píldora de reglamento I (Fútbol sala)

Píldora de reglamento I (Fútbol sala)

Desde hoy vamos a dar inicio a un serial denominado “Píldoras de reglamento” que pretende evidenciar las curiosidades y/o anécdotas que se pueden encontrar en las reglas de juego de las tres disciplinas practicadas en los Juegos Deportivos de Escuelas Católicas de Madrid (ECM), baloncesto, voleibol y futsal.

Comenzaremos por el último deporte nombrado, el cual presenta múltiples curiosidades. Por ejemplo, si acudimos a las Reglas de Juegos del FUTSAL de la Federación Internacional del Futbol Asociación (FIFA) nos encontramos que la denominación es futsal y no fútbol sala, pero futsal como palabra aguda, por eso no lleva acento en la “u” como el fútbol, o también, si entramos al índice y lo observamos, se aprecia como, a pesar de que se conforma de diecisiete reglas, este solo llega hasta la dieciséis, omitiendo el saque de esquina, aunque luego lo recoja en su desarrollo.

Pero entremos en materia con la regla 1, “El terreno de juego”. La primera gran curiosidad es que, especificado en el reglamento, una pista de juego siempre ha de ser rectangular. No obstante, su redacción está habilitando a que una persona se invente una nueva modalidad, el “cuadrafutsal”. ¿Por qué esto? Porque la longitud mínima y la anchura máxima coinciden, son 25 metros, por lo que una cancha podría ser casi un cuadrado de 25 m * 24,99 m, cumpliendo así con las especificaciones, pero obligando a reinventar todos los sistemas tácticos existentes hasta ahora.

Otra curiosidad es que muchas veces hemos llegado a un campo y hemos oído la discusión entre entrenadores o familiares de yo no juego aquí porque las porterías están fijas al suelo y si se choca un jugador se puede hacer daño. ¿Es esto legal? Sí, la propia norma estipula que las porterías deben estar ancladas al suelo o, en su defecto, ser móviles, pero con un sistema antivuelco que impida que caigan sobre un jugador y lo dejen maltrecho.

Al hilo de lo anterior que ocurre si un defensor mueve la portería para que no consiga el atacante un gol, pues si los árbitros consideran que el balón ha traspasado la línea de meta en su totalidad y hubiera sido gol de haber permanecido los tres palos de la portería en su sitio, concederán gol (como cuando juegan los niños en el parque y ponen dos mochilas a modo de poste y se producen rifirrafes por si ha entrado o no el balón). Después ya calibrará el colegiado si fue intencionada o accidentalmente, en el caso primero el infractor se llevará una tarjeta amarilla y en el segundo no recibirá ninguna sanción disciplinaria.

Para concluir, sería distinto que un atacante desplazara o volcara la portería casual o voluntariamente y que un tiro de su equipo entrase, o no, a gol. En cualquier situación, salvo ante una posible aplicación de ventaja a favor del no infractor, se pararía el juego por parte del árbitro, se colocaría la portería y, si hubiera sido involuntariamente el movimiento, se reanudaría el juego con balón al suelo. En el supuesto de que el atacante hubiese procedido voluntariamente, se detendría el partido, se ubicaría de nuevo la meta, se reiniciaría con un tiro libre indirecto para el defensor y el infractor, el que comete la ofensa a la regla, resultaría amonestado con tarjeta amarilla por conducta antideportiva.

Javier Esteban Salcedo
Director del Departamento de Deporte Escolar y Valores (DDEVV)

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