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Madrileños

Madrileños

Soy madrileño. Es verdad que, quizá, mis afectos y pertenencias están más hacia el sur, allá en una solitario terreno del Campo de Montiel de donde procede mi familia paterna y en el que paso mis veranos y asuetos. Pero es inapelablemente cierto que soy de Madrid, que soy Madrileño. Y es más cierto todavía que soy consciente, más allá de esos afectos y pertenencias, del privilegio que supone ser de Madrid y llevar toda la vida viviendo en Madrid.

Esta experiencia vital, de la que me siento discreta y humildemente orgulloso, me enseña a diario que Madrid es una vivencia de libertad, una experiencia de inclusión. Que ser madrileño no es cuestión de genética ni de apellidos. Que en esta región caben todos los idiomas y dialectos. Que a nadie se le pregunta de dónde viene y a dónde va, conviviendo entre sus vecinos tendencias, identidades e ideologías diversas e, incluso, contradictorias.

Madrid plural, Madrid abierto, Madrid tolerante, Madrid libre... Una tierra tan plural, abierta, tolerante y libre que cualquiera diría que carece de identidad; que encuentra su identidad en la disolución de su propia identidad...

Y no. No es así. ¡Vaya si no es así! Y si no, que se lo pregunten a Esquilache; o a Carlos III en Aranjuez. O a Pepe Botella y el propio Napoleón en Móstoles o en Malasaña. O las mil y una ocasiones en las que la Puerta del Sol fue catalizador a de fenómenos históricos de rebeldía y celebración... O si no, que se lo pregunten a los que sembraron Madrid con proclamas de “no pasarán”, y vaya si no pasaron... acabó la guerra, que es distinto, pero no pasaron.

O sea que, ¡cuidado con tocar las narices a los madrileños! Porque no sé qué hay en ese aire serrano, o en esa mejor agua corriente de España, o en ese clima de libertad tan creativo, que cuando algo o alguien toda las narices a los madrileños, los madrileños saltan y la arman.

Cuidado, Sr. Sánchez. Cuidado con su prepotencia contra Madrid, es decir, contra los madrileños, porque puede estallarle en las narices y estropear su cuidado y retocado cutis. Porque los madrileños comienzan a estar hasta el moño de sus campañas contra una región libre y trabajadora, inclusiva e integradora, y hasta el moño del señor del ídem que le va marcando a usted el camino, incluso cuando se encuentra en las postrimerías del banquillo de los acusados. Porque están hartos de un ministro que pasó de considerar que las mascarillas no eran necesarias, a imponerlas como si no hubiera mañana, y que únicamente demuestra tener sangre en las venas cuando habla de Madrid.

Cuidado, Sr. Sánchez, porque al final, la historia nos demuestra que ser libre, plural e inclusivo es una forma maravillosa de tener identidad. Y cuando te amenazan esa preciosa identidad, resulta que te salta un Aranjuez, un Esquilache, un 2 de mayo o un “no pasarán”. Y es que ser madrileño es una bella forma de tener una bella identidad.

Emilio Díaz
Responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales de ECM

 

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Comentarios 1

 
Invitado - Elena Menéndez Sobrino en Lunes, 12 Octubre 2020 14:13

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