A veces necesitamos trasladar una realidad a otro ámbito para entenderla bien. Hace un mes celebramos nuestra jornada de “TICspiración” en SIMO y hubo unas cuantas conclusiones que para mí fueron claras:

1. Las TIC aumentan la motivación de nuestros alumnos. Lo mencionaron todos los participantes en la mesa redonda final de la sesión de mañana. Tenemos alumnos diferentes en una sociedad diferente y, por suerte o por desgracia, les resulta más cercano y motivador la tablet que el cuaderno. La escuela no puede seguir siendo el reducto analógico de la sociedad. 

2. Aprovechar todo el potencial de la tecnología requiere, además de dispositivos, metodologías activas. Lo resumió muy bien Izaskun (@kqmimoa) por la tarde: la tecnología, sin metodología, es cacharrería. Y experiencias hay ya de que la motivación del punto 1 desaparece sin tardar demasiado si no cambiamos algo más.
3. Los avances actuales en el uso pedagógico de las TIC, salvo honrosas excepciones con un proyecto institucional detrás, se han producido gracias a héroes como los que vimos en nuestra jornada de SIMO. Pero, como bien dijo por la tarde César (@cpoyatos): un profesor puede cambiar, pero el cambio real en el colegio se hace entre todos. El liderazgo debe pasar ahora de estos héroes a los equipos directivos.

Lo anterior me ha llevado a plantearme si de verdad necesitamos ser héroes en educación para que las cosas mejoren. No debería ser así. Héroes hay los que hay y no podemos exigir a todo el mundo que se convierta en tal en su entorno de trabajo.

Como decía al principio del artículo, a veces necesitamos trasladar nuestra realidad a otro ámbito para entenderla bien y a mí se me ha ocurrido cambiar de profesión y hacerme hoy sastre o modista. Si los maestros en lugar de educar, hiciésemos trajes nuestra historia sería así:

• Vendríamos de un sistema en el que se hacían todos los trajes igual. A unos alumnos sabíamos que les quedaban grandes y a otros pequeños. Intentábamos hacer los arreglos necesarios y, al final, le poníamos nota al resultado.
• Con toda la lógica del mundo, se nos habría empezado a pedir que hiciésemos trajes a medida. Sin problema, es lo suyo, pero ¿se puede pasar del “Prêt-à-porter” a la sastrería a medida con los mismos recursos? Faltan manos para hacer trajes.
• En paralelo a lo anterior, se nos pediría que dejásemos la aguja y el dedal y que empezásemos a coser con unas máquinas nuevas y maravillosas que han llegado a la fábrica. Sabemos que las máquinas son maravillosas y que se pueden hacer unos trajes magníficos con ellas, pero antes hay que aprender a manejarlas y, de paso, ver si con ellas podemos hacer trajes mejores.
• Al mismo tiempo, dado que la gente ahora viaja mucho y que el mundo está globalizado, nos estarían pidiendo que el diseño de nuestros trajes fuese internacional. Se lleva mucho el estilo inglés, así que se nos pediría que nos empapásemos bien de esta cultura y que los trajes tengan un estilo que no desentone en ningún lado. No hay problema, nos vamos a ver mundo y a conocer la moda internacional, pero mientras tanto no podemos hacer trajes… O sí, siempre que seamos superhéroes.
• Por si lo anterior fuese poco, se estarían empezando a dar cuenta de que los trajes que hacemos, incluso con los retoques internacionales, ya no se adaptan bien a nuestros alumnos, ni a lo que tienen que hacer con ellos. Empezarían a ver que les estamos vistiendo de traje para ir a correr la Marathon y encima, como los alumnos no son iguales que antes, la sisa les aprieta y cada vez son más los que rompen el traje. Ante esto, nos pedirían que cambiemos el traje por el chándal y que, de paso, enseñemos a los alumnos a diseñarlo y coserlo no vaya a ser que no les dure toda la vida y tengan que hacerse otro. Eso sí, tendríamos que seguirles poniendo nota al resultado final como si fuese un traje hecho por nosotros mismos, porque esto del “autochándal” aún está por demostrar que sea buena idea.

Si planteásemos estos retos a cualquier empleado de una fábrica textil, pensaría que estamos de broma o que nos hemos vuelto locos. En el entorno de la educación, se plantean como algo normal. ¿Hay o no hay que ser un súper héroe?

En estos días volvemos oír hablar del pacto educativo. Ojalá se logre, pero no bastará que se pongan de acuerdo de cualquier forma para que la educación mejore. El centro de la educación tiene que ser el alumno. Mientras no nos demos cuenta de que nuestros alumnos de hoy son distintos, de la que la sociedad en la que viven es diferente y de que aquella en la que vivirán cuando sean adultos ni siquiera sabemos cómo va a ser, sólo estaremos poniendo parches a un traje pasado de moda. Y si el centro de la educación es el alumno, el agente transformador es el maestro o el profesor y, aunque a veces pueda comportarse como tal, ni es un héroe, ni debería serlo cada día. Mientras la reforma educativa no parta de estos dos principios (poner al alumno en el centro y hacer viable la labor del profesor) no se producirá la transformación real que necesitamos.

Francisco José Sánchez
Responsable de Programas ecmTIC